Hoy, después de siglos de estar escondidas, estamos recuperando nuestro poder. Y ¿qué pasó? ¿Cómo lo perdimos?
Hubo un momento de la historia en la que los doctores (todos hombres) decidieron ser los únicos que debían atender los partos. Pretensiones y motivos inquietantes, oscuros y, por encima de todo, misóginos.
Aunque imponerse y conseguir entrar en las casas de la gente y que las mujeres de parto se prestaran a parir delante de señores desconocidos con sus aparatos metálicos, no iba a ser tarea fácil…
Fue mediante infundir miedo a todo el proceso y un trabajo continuo para que las mujeres se desconectaran de su propio cuerpo.
A fuerza de repetir que este proceso natural de embarazo y parto era patológico y que eran necesarios sus conocimientos y sus instrumentos para que no muriéramos en el intento, las mujeres (y sus maridos) fueron accediendo a mostrar su intimidad a señores que las trataban de enfermas y desvalidas. Tumbadas en una cama como damas y no como animales.
Ese también fue un momento clave para disociar la función reproductiva de la sexualidad, del placer, del amor. Como si de dos aparatos se tratara.
Función reproductiva y placer
Y no, no son dos. Son el mismo aparato, los mismos órganos. Los mismos órganos involucrados cuando hacemos el amor, con los que sentimos placer, los que palpitan y llegan al orgasmo, esos mismos son los que participan en el embarazo y en el parto.
Me viene a la cabeza los típicos comentarios de las comadronas que vienen de esa escuela misógina (¡¡¡gracias que ya quedan pocas!!!) “¡Pues bien que no te quejaste haciéndolo!” “¡Haberte cerrado de piernas!”, muchas habréis escuchado estos comentarios en vuestros partos, espero que cada día sean las que menos.
Pero por mucho que se forzó para disociarnos y los cientos de años ultrajadas por una cultura patriarcal, estamos volviendo a conectar.
Gracias a muchas mujeres y también hombres que cambiaron su manera de mirarnos (a las mujeres), hoy tenemos mucha información para empezar a quitar creencias que están inmiscuidas en nuestro ADN. La historia de nuestras ancestras retumba en nuestros huesos y es con mucho amor y dedicación que logramos cambiar esas creencias que impusieron durante años.
Creo que solo con una idea se pueden hacer maravillas. Porque somos muchas que no nos conformamos con esos miedos irracionales a nuestra naturaleza. Dispersar la idea de que parimos con los mismos órganos que tenemos orgasmos, creo que da para que muchas mujeres se empiecen a preguntar muchas cosas. ¿O no?
Hacernos preguntas, tirar del hilo, llegar a esa información que resuena con lo más real de mi misma. Es un estupendo plan.
Seguiremos en la siguiente entrada profundizando en este tema.
Si ya te está resonando y quieres recuperar tu poder, te ayudo, escríbeme, estaré encantada de leerte!
Foto de Sarah Asay Braun

