En estos días, much@s pensamos en qué mundo dejamos a nuestros hij@s.
Pero quizá la pregunta más importante sea: ¿qué hijos dejamos al mundo?
Ellos serán quienes tomen las decisiones en el futuro, y lo harán con lo que nosotr@s les hayamos entregado. La crianza respetuosa —que empieza incluso antes de la concepción— es la gran semilla para generar generaciones más amables y en sintonía con la naturaleza.
Se trata de respeto: respeto a la vida que queremos gestar, y respeto durante todo su recorrido vital. Es un verdadero cambio de paradigma. Significa no dejar al azar el embarazo, sino prepararnos conscientemente: cerrar heridas del pasado, alinear nuestras acciones con nuestros ideales, cuidar nuestro cuerpo como primer hogar del bebé, atender nuestras emociones y también nuestros pensamientos.
Hoy sabemos que lo que influye en un ser no comienza solo en el nacimiento ni a cierta edad. El estado físico y emocional de los progenitores, meses antes de la concepción, también define parte de su salud y carácter. No es información menor: es un recordatorio profundo de la responsabilidad y la oportunidad que tenemos.
Y si tu camino no empezó así, no te culpes. Muchas desconocíamos el gran papel que jugamos. La buena noticia es que siempre podemos empezar de nuevo. Cada momento abre una ventana para convertirnos en quienes deseamos ser, y para ofrecer a nuestros hij@s respeto, confianza y seguridad. Con ello crecerán como personas capaces de cuidar su mundo y la vida, del mismo modo que nosotr@s cuidamos de ell@s.
Leyendo a Lynn Margulis en Planeta Simbiótico entendí algo claro: más que proteger la Tierra, debemos aprender a protegernos de nosotr@s mism@s. La vida siempre encuentra formas de restaurarse y equilibrarse; lo que está en juego es si queremos seguir siendo parte de esa vida. Por eso, el cambio es necesario y empieza en cada decisión consciente que tomamos hoy. ¿Qué hijos dejamos al mundo?
Sea cual sea el momento vital en el que te encuentres —buscando embarazo, transitando la gestación, o ya en la crianza— quiero recordarte que no tienes por qué hacerlo sola. Estoy aquí para acompañarte con respeto y escucha, para que vivas tu proceso con confianza y calma.
Si sientes que este es tu momento, podemos hablar.

