El cerebro del bebé es el que inicia el proceso del parto

Sabemos que el cerebro del bebé es el que inicia el proceso de parto y hoy quiero abrir con un pequeño texto de Michel Odent:

«Comprender que el parto es un proceso involuntario que pone en juego estructuras arcaicas, primitivas, mamíferas del cerebro nos lleva a rechazar esta idea preconcebida según la cual la mujer puede aprender a dar a luz. No se puede ayudar a un proceso involuntario; solo se puede procurar no perturbarlo demasiado.»

El parto es un proceso sexual, mediado por hormonas que primero segrega el bebé y, después, la madre. Comienza en una zona del cerebro que no es la consciente, sino aquella que compartimos con el resto de los mamíferos: una parte más antigua que el neocórtex.

De aquí podemos destacar varias ideas clave:

  1. Es el cerebro del bebé el que inicia el proceso del parto.

  2. El parto es un proceso sexual más, y debería tratarse como tal.

  3. El neocórtex no debe intervenir en el parto.

Y hoy hablaremos del primer punto:

1. El bebé inicia el parto

Cuando está listo, el bebé comienza a segregar las hormonas que desencadenan el nacimiento. Es su cuerpo el que sabe cuándo está preparado para llegar al mundo.

Aquí surge una pregunta inevitable: ¿qué sucede cuando el parto es provocado o se programa una cesárea sin esperar al inicio natural?
En esos casos, no siempre damos al bebé el tiempo necesario para prepararse para su gran momento. Como adultos, a menudo subestimamos lo que rodea a los bebés porque no tenemos recuerdos conscientes de nuestro propio nacimiento.

Sin embargo, aunque el área cerebral que guarda los recuerdos narrativos aún no está desarrollada, los bebés sí memorizan de forma emocional. Su manera de sentir, de registrar y de vivir es a través de la emoción. Y esa memoria se guarda en el cuerpo, dejando huellas inconscientes que influirán en su vida posterior.

Todo lo que vive un bebé es importante. Profundamente importante. Incluso si no queda en imágenes o palabras, marcará su manera de relacionarse con el mundo.

2. El mensaje implícito al intervenir

Cuando no dejamos que el bebé inicie su propio nacimiento, el mensaje que puede quedar impreso es: “no eres capaz”, “no confiamos en ti”, “llegas tarde”, “eres débil”…
Estas huellas emocionales contribuyen a la estructura de su carácter.

A esto se suma la parte de salud física, que también tiene su impacto. Y por supuesto, hay veces en que la intervención es necesaria y salva vidas. Agradecemos profundamente los avances que lo hacen posible. Pero muchas otras veces, esas intervenciones son evitables.

3. Cómo acompañar al bebé en una intervención

Cuando realmente hay riesgo y la mejor opción es iniciar el parto antes de tiempo, siempre podemos comunicarnos con el bebé. Hablarle, explicarle qué ocurre, cómo nos sentimos, qué va a pasar. Regalarle palabras de amor, confianza y seguridad.
Aunque no pueda recordarlo conscientemente, ese acompañamiento marcará de forma positiva su recuerdo emocional y compensará la intervención.

En cambio, si no existe peligro inminente, merece la pena preguntarse:

  • ¿Por qué no esperar a que el parto se desencadene de forma natural?

  • ¿Qué pasa si dejamos que el bebé sea quien decida el momento de nacer?

4. Información para decidir con calma

Existen muchas situaciones en las que parece que “sí o sí” hay que intervenir, pero no siempre es así. Si te lo preguntas, si sientes dudas, hablemos.
Con información actualizada y veraz, podrás tomar la decisión que realmente resuene contigo y con tu bebé.

Imagen de Freepik

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