Menarquia consciente: reconciliarnos con nuestro cuerpo y nuestra historia

El pasado 28 de Octubre fue el Día Internacional de la Menarquia.
Algo por lo que todas las mujeres pasamos una vez en la vida: sangrar por primera vez, vivir nuestra primera menstruación, volvernos cíclicas.

Hablar de la menarquia desde una mirada consciente es fundamental para acompañar este proceso sin miedo ni tabúes.
Pero no nos equivoquemos: la niña que vive ese primer sangrado sigue siendo niña.

La idea de que la menarquia es el paso de “niña a mujer” ha dejado huella en muchas de nosotras.

¿Qué significa vivir una menarquia consciente?

A nivel emocional, puede resultar chocante que, de un día para otro, se espere que seamos “mujeres”.
¿Y qué significa eso, en realidad?
Seguramente nada de lo que se nos contó. Son construcciones sociales nacidas en un sistema patriarcal que históricamente ha denigrado lo femenino y ha colocado a la mujer en una posición de inferioridad.

La menarquia es solo un paso corporal más.
El cuerpo ya llevaba tiempo cambiando: la menarquia no llega por sorpresa. Hay señales que debemos explicar a nuestras niñas para que vivan esta etapa en calma, sabiendo que no están enfermas ni les ocurre nada malo.
Todo lo contrario: su cuerpo está funcionando a pleno rendimiento.

Es un proceso, un camino de transformación que no sucede de la noche a la mañana.
Y, como todo proceso, con información y acompañamiento se vive mucho mejor.


Las huellas del primer sangrado

Muchas no tuvimos esa información, y nuestro primer sangrado fue un momento caótico.
Quizás lo viviste desde el miedo, la vergüenza, la culpa o el asco. Quizás sentiste que tener la regla era algo incómodo o incluso indeseable.
Y eso deja una huella profunda.
Esa experiencia marca un antes y un después: es una impronta que puede influir en cómo vivimos nuestros ciclos y en la relación que mantenemos con nuestro cuerpo.

Por eso, cuando nos convertimos en madres, a veces no sabemos cómo acompañar la menarquia de nuestras hijas.
Nos da miedo que sufran, que lo vivan mal.
Y, sin darnos cuenta, repetimos frases como:

“Qué mala suerte ser mujer.”
“Pobrecita, no me gusta que tenga que pasar por eso.”

Frases que reflejan nuestro propio malestar y las creencias negativas que aún arrastramos sobre la ciclicidad femenina.

Ese malestar no aparece de la nada. Durante generaciones hemos aprendido que lo ideal es no notar la regla, no hablar de ella, casi olvidarnos de que existe. En este artículo sobre por qué queremos olvidarnos de la regla reflexiono precisamente sobre ese rechazo cultural hacia la menstruación.


Reconciliarnos con nuestros ciclos

Nuestra ciclicidad es nuestra magia.
Y en nosotras está la posibilidad de reconciliarnos con ella.

Podemos empezar por observar nuestros ritmos, conocer nuestro cuerpo, mirar nuestra sangre, regalarla a la tierra, aprender cómo funciona nuestro ciclo menstrual y registrar nuestros cambios.
Al hacerlo, transformamos esas creencias heredadas y le damos a la siguiente generación la oportunidad de vivirlo desde otro lugar.

Cuando una mujer se reconcilia con su cuerpo, también está sanando hacia atrás y sembrando hacia adelante.
Les regalamos a nuestras hijas una forma nueva de entender su feminidad: desde la curiosidad, el respeto y el amor.

Promover una menarquia consciente es también sanar nuestra propia relación con el cuerpo y con lo femenino.


Para reflexionar

¿Cómo viviste tu primera menstruación?
¿Qué te habría ayudado a sentirte más acompañada?
Y, si hoy acompañas a una niña, ¿qué mensaje quieres dejarle sobre su cuerpo y su poder cíclico?

Si te interesa aprender a acompañar a tu hija en este proceso o reconciliarte con tu propio ciclo, puedes escribirme para un acompañamiento personalizado.

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