“Todo para que te olvides de la regla”: ¿y si el problema no fuera la menstruación?

“Todo para que te olvides de la regla”. Este es el sugerente título de un mail que acabo de borrar de mi bandeja de entrada. Una página de productos de higiene femenina que promete que, si compras lo que venden, podrás olvidarte de la regla. Como si olvidarnos de la regla fuera un logro. Como si desaparecerla de tu conciencia fuera sinónimo de libertad.

Y no sé si es lo osada que resulta la promesa lo que me hace saltar las alarmas, o algo más profundo: que hayan detectado en las mujeres la necesidad de olvidarse de algo tan propio como la menstruación.

¿Por qué querríamos olvidarnos de la regla?

¿En qué momento empezamos a desear olvidarnos de la regla en lugar de comprenderla?

Durante siglos, todo aquello que nos ha hecho diferentes a los hombres ha sido señalado como sucio, impuro o vergonzoso. La menstruación no ha sido una excepción. Basta con mirar la historia —y también ciertos textos religiosos— para ver cómo nuestra sangre menstrual ha sido cargada de culpa, miedo y rechazo.

Aunque hoy vivamos en otro contexto, esa herencia sigue muy presente. Forma parte de nuestro inconsciente colectivo y de la manera en que muchas mujeres se relacionan con su cuerpo. Y muchas veces empieza en nuestra primera experiencia menstrual. En cómo vivimos esa primera sangre, en el significado que le dieron quienes nos rodeaban. En este artículo sobre menarquia consciente profundizo en cómo ese momento puede marcar nuestra relación con el ciclo durante años.

Vergüenza, rechazo y dolor menstrual

Este asco y esta vergüenza hacia nuestro propio cuerpo y nuestros procesos femeninos influyen profundamente en cómo vivimos la regla.

A nivel emocional, el rechazo hacia la menstruación puede contribuir al dolor, al desequilibrio hormonal y a ciclos que dejan de ser saludables. Nuestra salud hormonal no es solo biología: también está profundamente atravesada por cómo vivimos nuestra feminidad.

Cuando vivimos la regla como algo que molesta, interrumpe o estorba, el cuerpo lo siente.

La solución no es olvidar la menstruación

La solución no es olvidarnos de la regla. No es buscar estrategias para silenciarla o hacer como si no existiera. Es justo lo contrario.

Es volver a retomar el contacto con nuestra ciclicidad. Observarla, respetarla y comprenderla como una señal que nos habla de cómo estamos y de cómo está nuestra salud.

Nuestro ciclo menstrual refleja nuestra salud emocional, mental y física. La menstruación es solo una parte visible de un proceso mucho más amplio y profundo. Nos da información valiosa si sabemos escucharla.

Recuperar el vínculo con tu feminidad

Tal vez la pregunta no sea cómo olvidarse de la regla, sino cómo volver a escucharla.

Hoy te invito a cuestionar todo aquello que nos han inculcado durante generaciones. A mirarte con más amor y comprensión. A valorar tu feminidad y darle espacio para expresarse sin culpa ni vergüenza.

Recuperar el vínculo con tu ciclo no es un acto simbólico: es una forma concreta de cuidar tu salud y escucharte con más honestidad.

Y si sientes que no sabes por dónde empezar, o que en tu caso “esto no funciona”, escríbeme. Estaré encantada de leerte y charlar contigo sobre algo tan importante.

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