La madre y el bebé: el vínculo primario que nuestra sociedad invisibiliza

La madre y el vínculo con su  bebé: más que una díada

En muchos textos se habla de la madre y su bebé como una díada. Siempre me ha gustado este nombre al vínculo que crean ambos. Sin embargo, creo que detrás de ese término se esconde una verdad que, en nuestra sociedad, todavía resulta difícil de asimilar.

La madre y el bebé son una pareja. Y decir esto puede generar conflicto. Esta mirada ha sido profundamente desarrollada por autoras como Casilda Rodrigañez, que pone palabras al vínculo primario y al deseo materno desde una perspectiva corporal y política . Vivimos en una sociedad patriarcal en la que la madre parece ser madre gracias al padre, y donde la organización familiar se centra en la pareja matrimonial, relegando al bebé —y a su vínculo primario— a un lugar poco favorable.

Por mucho que hayamos avanzado en derechos como mujeres, cuando nos convertimos en madres seguimos renunciando, a menudo sin cuestionarlo, a nuestro deseo más profundo: aquel que se complementa de forma perfecta con el del ser que acaba de nacer.

Maternidad, deseo materno y presión social

Nos han vendido la idea de que hay que recuperar pronto “nuestra vida”: la llama de la pasión, la relación de pareja, una vida laboral que nos llene y nos realice.

Sin embargo, hay algo en la maternidad profundamente instintivo que, en la gran mayoría de nosotras, se activa con fuerza: el deseo de permanecer cerca de nuestra cría y de darle todo lo que necesita.

Y lo que nuestra cría necesita somos nosotras. Nada más y nada menos. Nuestro cuerpo, nuestra leche, nuestra presencia, nuestra atención, nuestro amor. Un vínculo profundo entre dos seres. La naturaleza puso todo a favor para que ese nuevo ser obtuviera lo que necesita, creando en nosotras ese deseo materno.

El instinto materno y la ruptura con la naturaleza

Pero hubo un momento en la historia en el que empezamos a separarnos de la naturaleza. Nos disociamos de ella y creímos ser algo distinto, ajeno. Pensamos que los instintos estaban para ser traicionados, que no éramos animales y que no debíamos hacer caso a lo que nuestros cuerpos pedían.

Ahí, la madre dejó de ser madre para obedecer lo que la sociedad marcaba como correcto. Sacrificó su deseo y rechazó el de su cría, colocando la razón del momento por encima del vínculo.

Volver al centro sin culpa

Hoy vivimos en un punto en el que ni siquiera somos conscientes de lo que estamos sacrificando o a lo que estamos renunciando. Creemos que decidimos libremente, sin ver que, en muchos casos, nos convertimos en cómplices de este modelo de sociedad patriarcal.

Y aun así, no te sientas culpable. Ese no es el camino. Tampoco te vuelvas loca intentando cambiarlo todo. Esta toma de conciencia es una semilla que necesita tiempo para madurar.

Volver a conectar con el deseo materno no es luchar contra nada. Es, en realidad, una búsqueda profunda de nuestro placer y nuestra verdad como mujeres. En el posparto, este reencuentro con el cuerpo, el vínculo y el ritmo propio necesita sostén, presencia y acompañamiento respetuoso. Si quieres saber cómo acompaño esta etapa, puedes leer más sobre mi servicio de acompañamiento en el posparto aquí.

 

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